Causas individuales: el caso Nadia como síntoma

Si los medios sólo potenciamos los casos individuales y nos conformamos con rescatar algunas personas concretas, en una especie de lotería en la que a alguien le toca el gordo solidario porque su caso da más audiencia, estamos cometiendo un grave error.

El caso del padre de Nadia, presunto estafador de la solidaridad ciudadana con su hija enferma, nos debería servir para aprender y rectificar algunas cosas. Me temo que pasará lo contrario, los medios que vivieron de la historia cuando se la creían ahora vivirán de linchar al hombre por haber mentido.

Hace falta en primer lugar autocrítica periodística. Si el filtro de un medio no sirve para dar veracidad al relato, si no se comprueba lo que dice la persona, quien pierde toda credibilidad son los medios. Sobre todo cuando dan cobertura a una petición económica, que hará movilizar los bolsillos de los lectores.

Y es oportuna en segundo lugar una crítica sociomediàtica. Es un tema delicado, pero hay una tendencia exagerada a las causas individuales, que llevan el nombre de una persona enferma, en sustitución de las causas colectivas. Sí, los testigos concretos son imprescindibles para entender el mundo. Pero son un zoom que debería servir para volver a abrir el foco y abordar la problemática global, que gestionan mejor y bajo más controles las asociaciones. La solidaridad debe tender hacia la justicia y no hacia la caridad, hacia todos y no hacia uno.

Nadie puede negar el derecho de unos padres a luchar para recaudar dinero para un tratamiento para su hijo. Estoy a favor de ayudarles. Pero si los medios sólo potenciamos los casos individuales y nos conformamos con rescatar algunas personas concretas, en una especie de lotería en la que a alguien le toca el gordo solidario porque su caso se vende mejor y da más audiencia, estamos cometiendo un grave error. Asumimos que en un mundo con demasiada gente condenada a sufrir ya sólo nos podemos consolar y distraer con prácticas sentimentaloides y sensacionalistas: salvando un refugiado de vez en cuando, o curando algún enfermo concreto de forma épica. No deberíamos perpetuar esta resignación y falta de ambición.