Redes: más postureo que compromiso real

Efecto placebo. Nos acabamos sintiendo mejor, nos hemos mostrado activos y comprometidos, pero a veces sin aportar nada concreto ni modificar nada ni tan sólo tener la necesidad de ser coherentes.

Las redes sociales son todo un regalo para los defensores de causas. Permiten llegar a la gente, sensibilizar, generar recursos, obtener donaciones, movilizar. No puedo estar más a favor de las oportunidades que ofrecen. Y hay casos de éxito que lo confirman. Por eso quiero compartir algunas alertas sobre tendencias que me temo que desaprovechan el potencial transformador e incluso lo pueden anular o pervertir.

Uno. Inmediatez exagerada y estéril: provocan la indignación del día, que mañana será sustituida por otra porque ésta ya estará quemada.

Dos. Individualismo. En lugar de luchar contra la enfermedad o la injusticia, y ver los testimonios desde un zoom para después abrir el gran angular, a veces la causa se transforma en la ayuda al enfermo o la víctima determinada.

Tres. Poca ambición. Nos conformamos en desahogarnos en objetivos pequeños, que a veces son parciales y anecdóticos.

Cuatro. El efecto tranquilizador. Lo encontramos terrible, gritamos que eso nunca lo haríamos, que no se puede permitir, hacemos algún post refunfuñando, y dormir.

Cinco. El espectáculo. Nos apuntamos a lo que incluye fotos, etiquetas divertidas, llamadas originales.

Seis. Postureo. Compartimos contenidos de denuncia que ni siquiera leemos, que nos hacen quedar bien.

Siete. Efecto placebo. Nos acabamos sintiendo mejor, nos hemos mostrado activos y comprometidos, pero a veces sin aportar nada concreto ni modificar nada ni tan sólo tener la necesidad de ser coherentes.

Ocho. Parálisis. La sobreinformación nos bloquea: hay tanto que hacer que nos limitaremos a protestar y exigir que alguien nos lo arregle todo.

Nueve. Simulacro de valentía. Nos mostramos radicales en causas que no incomoden mucho, y los difundimos en burbujas de facebook o twitter donde todos pensamos lo mismo y nos aplaudimos los unos a los otros.

Diez. Esta autocrítica me incluye claramente y en primer lugar a mí por el riesgo evidente de pensar que con este post ya he arreglado algo: hablar y abrir debates es necesario pero no suficiente, si no viene acompañado de acciones. (Y siento deciros que os puede incluir a vosotros si pensáis que sólo estando de acuerdo es suficiente. El discurso público es imprescindible, pero necesita ir siempre acompañado de acciones concretas)